Mostrando entradas con la etiqueta Relato. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Relato. Mostrar todas las entradas

viernes, 3 de marzo de 2017

¿La pasta de dientes será comestible?


Os dejo un antiguo relato que se publico en un libro conjunto de varios autores. 
Os dejos una foto del libro: El lector de Olas. 


No creo que nadie sea capaz de encontrarlo en ninguna librería así que para que no lo os lo perdáis os lo dejo aquí para que podáis disfrutarlo. 






¿La pasta de dientes será comestible?

A quien pueda interesar:

Entré en el baño con el periódico, me gusta hacer el crucigrama mientras estoy en mi momento Allbranks. Es un baño pequeño la verdad, puede que tenga un metro de ancho por otros tres de profundidad. Está alicatado hasta el techo con azulejos de un vivo color azul. Entrando por la puerta a mano izquierda en la pared está el wáter ,  justo al lado del wáter está la mampara de la ducha: es un plato de ducha que coge la esquina de la habitación, bueno, una de las esquinas. Es pequeño, pero normalmente  permite una ducha rápida y sin problemas. En la pared opuesta a la puerta o enfrente de ésta, dependiendo de cómo se mire, a continuación de  la mampara que ocupa la mitad de la pared, está el lavabo, con miles de productos encima y el espejo que te saluda al entrar. Jabón para las manos, pasta de dientes, maquinillas de afeitar… Debajo hay un pequeño armarito en el que según creo hay toallas y las diferentes cosas que encontramos en cualquier baño. La verdad es que pocas veces lo abro. En la última pared que queda, la de la derecha, donde se pega la puerta, está pegado parte del lavabo y también un toallero que jamás  ha funcionado bien. Este toallero ha sujetado toallas de mano solo el día que se colocó. Agarrado por el extremo pegado a la pared, tiene una par de brazos que se pueden mover en un ángulo de  180 grados, lo que se reduce a la mitad por culpa del lavabo; no sé por qué pero este toallero nunca ha funcionado, así que siempre termino secándome las manos en una toalla colgada de la mampara de la ducha que es rígida, pero que no llega alta el techo.
Bueno, como decía entré en el baño para seguir la llamada de la naturaleza y cuando me dispuse a abandonarlo me resultó imposible. Estoy girando el pomo con todo mi peso para intentar moverlo, pero toda mi fuerza y peso parece que no hacen nada y la puerta sigue impasible delante de mí. He empezado a gritar para que alguien me abra desde fuera pero nada, estoy encerrado. Bueno en realidad llevo encerrado un buen rato. Estoy aburrido de gritar, me he leído el periódico tres veces, he empezado a leer los botes de champú (que son menos interesantes de lo que pueda uno llegar a imaginar), he jugado a apagar y encender la luz del baño, estaba tan aburrido que me he puesto a escribir a ver si así pasaba más rápido el tiempo y me sacan de aquí. He tenido tiempo para desesperarme y calmarme. Supongo que alguien me sacará de aquí ¿no? Ya me imagino los titulares: idiota se queda encerrado en el baño de su casa y tienen que ir a sacarlo los bomberos…
Es una pena que no tenga ningún libro aquí, podría adelantar un poco la lectura de algunos  de esos clásicos infumables que todo el mundo ha leído, o dice que ha leído, pero en realidad nadie lee.
Empiezo desesperarme otra vez. Alzo una mirada para ver que hay aquí que me pueda sacar de aquí, voy a descartar el papel higiénico en el que estoy escribiendo, (porque sinceramente no se me ocurre como podría ayudarme a abrir la puerta), descarto los champús, cremas, medicinas,  pasta de dientes…  No creo que con la maquinilla de afeitar sea capaz de abrir la puerta. Aun así la empuño y miro ferozmente a la puerta. Parece que ésta se ríe de mí  (y eso que no lo he intentado con el cepillo de dientes). ¡Hey! ¡Ya sé! voy a abrir el armarito. Toallas como suponía, un rizador de pelo… ¿qué hará eso aquí? si yo tengo el pelo corto… (además la vez que me lo deje largo y yo lo tenía rizado sin necesidad de esto, sólo con la humedad), un bol de plástico ¿en serio?, más medicinas, champús (creo que uno es de una marca que ya no se hace), pasta de dientes, un tampón y una compresa (¿cuánto tiempo puede llevar esto aquí? ¿estas cosas caducaran?), un cepillo eléctrico sin pilas usado dos veces, ¡Anda! hay hilo de dientes, una repisa que se pegaba con ventosas de esas que siempre se caen cuando menos te lo esperas  y que al final no sirven para nada...
¿Qué hago?
Puedo ponerme a lavarme el pelo o peinarme un rato…  Poco alentador la verdad. Voy a desgañitarme un poco más… Idéntico resultado que hasta ahora (¿a quién le sorprende?). ¡Hey! ¡Ya sé! Voy a ponerme a dormir un rato, así el tiempo pasará más rápido y me despertaré cuando me saquen de aquí. 
Pequeño problema ¿Como me pongo? En el wáter no puedo sentarme a dormir, es muy incómodo, igual que estar de pié… pues me tumbo en el suelo. Pero tiene que ser en diagonal (que frío está el suelo). A ver, la cabeza en una esquina en diagonal. Tengo que dejar la mampara abierta y meter las piernas en el plato de la ducha para poder dormir estirado. Otra opción es poner las piernas encimas del wáter dobladas. Pongo un par de toallas para que el suelo no esté tan frío (que forma tan rara tiene uno de pasar el tiempo sin una forma de medirlo). Después de haber jugado a apagar y encender la luz con el pie, la dejo apagada. Escucho. El baño parece un universo pequeño en el que soy un gigante que con cada movimiento perturba su paz. Me quedo quieto a ver si caigo en el sueño y entonces lo oigo. Es curioso, es un ruido tan suave que no he caído en él antes. Una pequeña gota que cae  y hace “plin”, después el silencio. Otra vez, “plin” y silencio. “Plin”. Silencio… (Esto podría volverme loco). Primero disfruto del sonido, después intento dormirme…
El sonido de la puta gota no para. Enciendo la luz y el grifo está cerrado (¿por qué le pondrían como al bicho mitológico?). La ducha también. ¿De dónde saldrá el ruido? Me vuelvo a tumbar. Paso de todo. Menos mal que es un papel de doble capa sino no tendría suficiente para todas estas tonterías.  Me pongo a cantar canciones Disney y después de  15, en las que me invento la letra y el tono vuelvo a  gritar a ver si alguien me saca de aquí…  quiero salir de aquí…quiero salir de aquí…. quiero un pony… quiero salir de aquí… quiero… comer. Tengo hambre…  no lo había pensado pero tengo hambre, es curioso.  Me apetece un bocata, una tortilla de patatas tampoco estaría mal la verdad, no, un platito de jamón con picos de esos que son pequeñitos. Enciendo la luz con el pie y me siento en medio de mi pequeño universo.  “Mew marama mew”. A ver ¿que hay aquí que sea comestible? Descarto el champú y las maquinillas, cepillo de dientes y bastoncillos para los oídos. No creo que sean comestibles, tampoco las toallas… Me quedo mirando el bote verde que queda y me pregunto ¿será comestible la pasta de dientes? A ver. Va a la boca, así que no puede ser toxico ¿no?
 No sé qué hacer, es decir, a alguien seguro que se le ha tenido que ocurrir que en un momento alguien se tragará un poco de pasta dientes ¿no? Y no pretenderán que te lleven corriendo a urgencias a lavarte el estómago, digo yo….
Aunque… ¿y el blanqueador? Es que nada que sea normal te puede blanquear los dientes. No parece algo muy natural (aunque sería una buena forma de promoción “coma nuestro filete y le blanqueará  los dientes” ¿debería patentarlo?). De todas formas el sabor a menta no me gusta.
Vuelvo a gritar a ver si  me oye alguien (de paso pido media de jamón y un  serranito… ¡puestos a pedir!)
No sé qué hacer. Bebo un poco de agua y me mancho la camiseta. Podría lavar la ropa o darme una ducha. Lo de lavar la ropa no está mal, aunque claro debería pensar dónde voy a poner la ropa a secar si me pongo a lavarla… pero bueno, algo tengo hacer ¿no?
“Mew mara rama mew”.
No sé… voy a darme una ducha. A ver qué pasa…
La ducha me ha sentado bien, pero no tengo que ponerme. El baño se ha llenado de vapor, me he puesto a hacer dibujitos en el espejo. Eso sí, la ropa que estaba en el suelo se ha mojado así que la voy a lavar. Me he puesto una toalla a modo de pareo y otra encima de la cabeza. Me siento como si fuese Yul Bryner en los 10  Mandamientos.
No sé qué tal le sentará a la ropa el champú y el jabón de manos a modo de detergente y suavizantes improvisados. Pongo a secar la ropa en la mampara de la ducha y  me vuelvo a sentar en el suelo.  ¿Gritar? ¿No gritar? Giro un poco el pomo por si acaso se abre. Me recoloco la toalla de la cabeza como si fuese Carmen Miranda. ¿Qué hago? Miro  el lavabo y veo la espuma de afeitar ¿y si me afeito? Al terminar de afeitarme la cara, decidí que ya que estaba porque no me afeitaba las axilas… (Ya puestos a perder el tiempo ¿porque no hacerme metrosexual?). Después me he afeitado las piernas y me he seguido afeitando el resto del cuerpo (sí, con el turbante a lo Carme Miranda y la faldita, rezando por que no fuese este el momento en el que se abriese la puerta). Que suavita me ha quedado la piel la verdad, estoy sorprendido conmigo mismo. Recuperando un poco la compostura después de este “maxi” afeitado que solo me ha dejado el pelo de la nariz hacia arriba, vuelvo a llamar a ver si alguien me abre. ¿Y si me echo  otra siesta? ¿Por qué la hija puta la de la gota no para? ¡Ah! ¡Puñetas! ¡Qué viene del wáter! No ahí no toco, vaya a ser que me lo cargue y entonces sí que la lío.
 Creo que voy a arrancar la parte que sujeta la mampara  y arrearle a  la puerta hasta que pueda salir… o puedo usar el bol de plástico y echar todas las cremas, jabones y cosas que tengo a ver qué pasa. Decido ponerme el bol de plástico a modo de sombrero. No me queda mal (creo que se me va la olla) Tengo las uñas de los pies muy largas (Debería ir a un pedicuro cuando salga de aquí). Por qué el universo me castiga… quiero salir, por favor, seré bueno (no creo que se vaya a abrir así pero que se le va a hacer, habrá que intentarlo)  Paso de todo y le pego una patada a la puerta.
Debería haberlo hecho con el zapato puesto. Como duele. No puedo pisar con el pie así que he empezado a dar vueltas sobre el otro chillando: “au au au au”.
Le grito a la puerta un par de veces, frustrado. Me siento mirándola por primera vez. El espíritu santo llega hasta mi, o puede que sea el aire condensado del cuarto de baño. Me doy cuenta del embellecedor que hay debajo del pomo. Parece una especie de botón que gira hacia derecha e izquierda, hasta que me paso y se cae. Eah a cuatro patas a buscarlo. Cuando consigo ponerlo en su sitio lo empujo hacia dentro pero no ocurre nada. Una bombilla se enciende en mi cerebro (cerebro…). En vez de empujar, esta vez tiro de él y suena un pequeño “click”.  con toda mi ilusión giro el pomo con toda mi fuerza dejando caer todo mi peso.
La puerta se abre por fin. He conseguido salir. Soy libre. Mi madre me mira con cara de “pero que tonto eres”.
Dejo esta carta en su lugar de reposo en el soporte del rollo de papel higiénico para el próximo recluso, así se podrá consolar con mi historia.


martes, 14 de julio de 2009

La habitacion del castillo era amplia y luminosa, el desayuno esta puesto sobre la mesa listo para empezar a comer. Los dos jovenes esperaban de pie la llegada del señor del castillo aunque de forma muy diferente. El primero de ellos un joven apolieno de rasgos perfectos esperaba de pie de forma impaciente, cambiaba el peso de su cuerpo de un pie a otro porque la armadura que le cansaba demasiado, estaba inquieto y valanceaba su espada desenfundada con impaciencia. Mientras, el segundo joven esperaba con una mezcla de aceptacion y aburrimento, tenia las manos metidas en su chaqueta de cuero negra y esperaba medio encorvado la llegada del anfitrión en silencio como su acompañante.
Al cabo de unos minutos aparecio por una puerta lateral un hombre alto y moreno. Llevaba el el pelo peinado hacia atras y un fino bigote debajo de su nariz aguileña. Llevaba puesta una bata de terciopelo rojo habierta, y los pantalones del pijama también de teciopelo rojo, su torso quedaba desnudo pero le daba una buena impresión.

-Disculpad este aspecto pero hasta las once no soy persona- Dijo el hombre de la bata sentandose en la cabecera de la mesa y haciendo un gesto a los dos chicos para que se sentasen.
-Soy el principe Sigfrido, futuro rey.-Dijo el joven de la espada y la armadura.- He cabalgado incontables leguas en busca de mi amada la princesa Siglinda. Despues de incontables hazañas dignas del más grande heroe de nuestra época he sabido por medio de uno de tus lacayos que tu, ser maligno, la tienes cautiva y he venido a rescatarla aunque tenga que teñir los muros del rojo de tu sangre.
-¿Qué?- Preguntó el hombre de la bata completamente perplejo.
El principe dio un suspiro de desasperacion y volvio a emprezar.
-Soy el principe Sigfrido, futuro rey.He cabalgado...
-Espera yo se lo explico.-Dijo el joven moreno, haciendo un gesto con la mano dijo.-Hola soy
Cris.
-Encantado yo soy Algernon- Respondio el hombre de la bata.
-Verás Alguernon ¿te puedo tutear?-
-Si claro como quieras.
El principe dio un bufido de desespercion.
-Veras aqui Sigfrido esta buscando a una tal "Silida"
-"Siglinda"-Lo corrigio el principe con desesperación mientras ponia los ojos en blancos y murmuraba una maldición.
-Si bueno lo que sea, ¿no la tendrás secuestrada por algun casual verdad?
-La verdad es que no recuerdo tener secuestrada a ninguna "Salida".
-"Siglinda"-Grito el principe bastante enfurecido.
-Perdon "Sig - lin - da".
El principe se abalanzó sobre Algernon hasta ponerle la espada en la garganta.
-No mientas cruel esbirro de mal, sabemos que la tienes cautiva, habla o te degollaré.
-¿Me acaba de llamar "esbirro"? -Preguntó obviando el hecho de que una espada se apoyaba contra su cuello.
-Si, pero no se lo te lo tomes como algo personal, se lo hace a todo el mundo.-Contestó Cris sin darle importancia a la espada.
El principe puso la hoja en contacto con la piel para que todos recordasen el detalle de que él llevaba la espada.
-Habla o siente el frio acero en tu pellejo. Dime donde tienes a la princesa "Silida". Digo... "Siglinda"
-Ya te lo he dicho Sifdfrig, no tengo a nadie secuestrado que se llame "Salida", "Silida", "Sugila" o
"Siglinda". Tengo un Alex, un Gabrien y un par de Johns, pero ninguna "Sig- lin- da".- Algernon pronunció el nombre despacio para no enfadar al principe.
-¿Estas seguro?-Pregunto Cris levantando una ceja.
-Si, eso creo. Aunque ahora me haceis dudar. Pero creo que recordaria a alguien que se llame "Sig- lin- da".-Al pronuncia esta vez despacio se dibujo la sorpresa en la cara de Alguernon. -¿No te referiras a Linda verdad?
El principe puso un gesto de confusión.
-¿Una chica rubita de pelo rizado, muy mona, pequeñita, de ojos azules, le encanta el rosa y las cosas blanditas y monas?- Le pregunto Algernón.
-Si no se calla nunca, es ella- El principe miró a Cris con ira después de este comentario.
-Querras decir si su belleza no tiene parangón, mi inculto escudero.
-¿Cuantas veces tendremos que repetir la comversacion de "soy guia, ¡no escudero!"?
-Dime babosa infecta ¿donde tienes a mi amada "Silida", a que horribles torturas la estas sometiendo?
-Eh, que no tienes porque hablarme asi.- Antes de poder continuar la frase el principe volvio a apretar la espada contra su cuello.- Un segundo.- Alguernón cogió un pequeño objeto negro y apuntó a la pared con el. De la pared surgió un espejo en el que se veía a la princesa descansando en una tumbona junto a una especie de lago y bebiendo de una copa aun más extraña.-Esta en la piscina tomandose un margarita.
-¿Que clase de magia es esta? O infame hechicero quieres distraerme para atacarme. Pero no lo conseguiras. Levantate y luchemos en singular combate por aquella a quienes las mismas estrellas palidecen en belleza.
-¿Siempre es asi?-
-No si hoy esta tranquilo, imaginate llevarte dos semanas con él.
-Es que acaso tratas de enfurecerme aun más sabandija, lucha como un hombre o muere ante mi espada.
-¿Cris te importaria ayudarme un poquito con él?
-No te creas es divertido verlo cuando no me lo hace a mi. Pero vale.-Cris se aclaró un poco la garganta y comenzó.-¡Oh! Poderoso y noble Sigfrido, caballero de la virtud, este cruel y malefico hechicero siente pavor ante tu espada y una muestra tan fuerte de vuestro puro amor ante el que se rinde.
-¿Eso es cierto? ¿Estais llenos de pavor?- Pregunto el prinicpe un tanto incredulo.
- A rebosar.
-Si es asi, dime pues ¿como puedo llegar hasta mi amada?
-Pasa por esa puesta, sigue por el pasillo y entraras en una habitación magica, en uno de sus laterales hay un panel con botones pulsa el 3 ¿sabes contar no?- El principe volvio a bufar de impaciencia.- Tomaré eso como un sí. Pulsa el tres y cuando se habrán la puertas cruza el pasillo y llegarás a la piscina.
El principe caminó a paso rapido hasta la pueta, pero justo en el, último momento antes de salir se volvio y dijo:
-Si esto es una trampa ten por seguro que volveré y maldecirás el dia en que osaste pensar en mi dulce "Siglinda"

jueves, 2 de julio de 2009

¿Por que él...


Se mira las manos y los surcos del tiempo han dejado sus marcas en ellas, la apatía y el cansancio de unos huesos que han visto demasiado le impiden moverse, ni siquiera se puede levantar de la roca que le sirve de asiento. El viento le trae espejismos de gente que aun no ha visto, de sitios donde no ha estado, de labios que no ha besado, y eso le duele más que todas las heridas y enfermedades que ha sufrido a lo largo e su vida. La imagen del deseo le perturba su vida, se ha desvanecido antes de empezar, pero que puede hacer, la desesperación le invade pero ni entonces se puede mover. Un susurro mana de sus viejos labios agrietado, frases que jamás oirá nadie, que se pierden, que hablan de la experiencia, que suplican, no por él, sino por los que ve disfrutar por los que se cambiaria sin dudarlo, por los que están condenados a tener un final como él. Siente como su cuerpo deja de pesar, como la vida se va con cada fracción de segundo que pasa y no puede reprimir una sonrisa triste, la ironía de que la vida pasó fugazmente y su muerte se está haciendo cada vez más lenta. Sabe que es su fin porque se ve a si mismo desde fuera, no es más que la figura de un viejo vagabundo sentado en una piedra. Ya no respira, no se mueve, no es más que otro objeto inerte en un lugar en el que nunca será hallado su cuerpo. Nadie llorara por él, nadie le echara de menos, solo esta muerto. Flota durante un segundo volviendo a los lugares que vio en vida; ríos, montañas, pueblos, ciudades y castillos. Ve a gente joven que vive y disfruta, los envidia como sólo los muertos pueden envidiar. Mujeres a las que desea pero jamás amará, hombres a los que admira pero que no conocerá, lugares y sitios que no verá jamás. Pero lo que más perturbará su corazón durante toda la eternidad, es esa imagen de un hombre ignorante y pobre que no ansía más que lo que tiene, es una visión sombría que le hiere como si fuesen miles de enemigos intentado hacerle daño, y se pregunta durante toda la eternidad el por que él ha estado maldito con saber su ignorancia. Si hubiese podido ser como ese hombre feliz sin ansiar más de la vida de lo que se tiene ¿Por qué el no podía ser feliz?

La bella durmiente.

Y con la sangre brotando de mis labios me acerqué a su figura felina deseando tocarla. Se mantuvo fría y distante como una estatua de hielo, mirando a la inmensidad que nos rodeaba y sin percatarse de mi existencia. Tardé unos segundos en darme cuenta que, para ella, como para los demás, yo no era más que un fantasma, una sombra que vagabundeaba entre ellos a la que no prestaban atención por más que lo desease. Sintiéndome vacío, como otras veces, continué mi camino eterno de soledad, contemplando las figuras de mármol entre las que andaba, tan bellas y tan hermosas, pero ciegas y vacías como la piedra de las que están esculpidas. El silencio de la soledad es lo único que me acompaña, mientras que, como el espíritu errante que soy, sigo caminando cansado sin sentir nada más que el agotamiento extremo, producido por la incesante búsqueda de una forma de salir de allí, pero todo es en vano y mí corazón se rompe dentro de mi cuerpo una y mil veces. Sé que la veo eterna con su belleza única y con diferente aspecto. Las cadenas por las que me sujeta no tienen parangón. Ni toda mi fuerza podrá soltarme, ya que por desgracia yo mismo me encadene estúpida y vanamente, sabiendo que no tendría escapatoria y me moriría a sus pies. Pero allí esta, alzada ante mi. Sigue fría y sin verme, hermosa y dulce, pero cruel. Ella me creó como soy ahora, y producto de sus acciones es el monstruo en el que me convertido. Ni la odio ni, le guardo rencor, porque la amo todo le perdono, y porque sé que en su ignorancia radica su fuerza y, ante la negación de mi existencia, su vida es más fácil. En mi mente deseo oír su voz, para que me mate con sus palabras y acabe con mi sufrimiento, pero para qué escuchar algo que ya conozco, algo que para mi es tan verdad como ella misma. Sé que no podré tocar a mi diosa, pero no por ello dejaré de intentarlo. Por mucho que sufra y aunque el polvo me oculte y tape mi nombre, deseo que ella limpie mi rostro, pero recuerdo siempre al final de mi deseo que sigue inerte y que me será imposible despertarla de su dulce prisión. Vuelvo a velar por mil años su sueño en soledad, sabiendo que tan sólo yo soy el culpable de mis desdichas ya que ¿Quién me incito a amar al sol que me quema y para el cual tan solo soy un grano más de arena sin valor? Y viendo mi imagen en el cadáver de un amigo, oigo mi voz desde el olvido. Ni todos los caballeros enmascarados son príncipes encantados, ni todos los dragones son monstruos ya olvidados y extinguidos.